Había un pájaro que se refugiaba a diario en las ramas secas
de un árbol que se alzaba en medio de una inmensa llanura desértica. Un día,
una ráfaga de viento arrancó de raíz el árbol, obligando al pobre pájaro volara cien millas
en busca de un nuevo refugio… hasta que, al fin, llegó a un bosque de árboles cargados de
fruta. Si el árbol seco se hubiera mantenido en pie, nada hubiera inducido al pájaro a
renunciar a su seguridad y echarse a volar.
La Historia de este pájaro se está repitiendo cada día en
nosotros: vivimos descubriendo nuevos horizontes, porque nos encontramos en un
período de cambio constante. Cambiar cuesta: se vive apegado a las
seguridades, pero es imprescindible echar el vuelo para crecer. Y eso exige de nuestra parte el firme
propósito de trabajar y no conformarnos con lo que tenemos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario