miércoles, 4 de enero de 2012

tú no eres quien crees ser





Tú no eres quien crees ser. El mundo no es como tú crees que es. Yo no soy quien tú crees que soy…

Hay quien propone que todo se basa en percepciones de la realidad y, ya sean percepciones internas o externas, siempre son limitadas. Sin la humildad de sentirse limitado, de aceptar y reconocer que uno es capaz de ver sólo parte de la realidad, creo que será difícil acercarse a la verdad de uno mismo, del otro, del mundo o del Otro.

Cuenta la leyenda que, "en cierta ocasión en que San Agustín se hallaba paseando por la orilla del mar meditando sobre el misterio de la Trinidad, se encontró en la playa con un niño que había hecho un hoyo en la arena con una pala. Con la misma pala recogía agua del mar y la depositaba en el hoyo. San Agustín al contemplarlo se admiró y le preguntó qué estaba haciendo. El niño le respondió: "quiero meter todo el agua mar en este hoyo". "¿Cómo?" dijo San Agustín, "eso es imposible, ¿cómo vas a poder, si el mar es grandísimo y ese hoyo y la pala muy pequeños?". "Antes llenaré el hoyo con todo el agua del mar que tú comprendas la Trinidad con el entendimiento". En ese instante, el niño desapareció"

Quizás a veces nos podamos quedar en el trazo grueso. Creemos que somos nuestras circunstancias, nuestra cultura, nuestra familia, nuestra religión o nuestro equipo de fútbol, en lugar de ver todo esto como algo que define parte de la múltiples caras de un poliedro complejo que, ni siquiera nosotros mismos, conocemos del todo.

Investigar profundamente en la pregunta ¿quién soy? conlleva un primer riesgo: absolutizar la personalidad. Cuántas veces hemos esgrimido la propia personalidad como la prueba irrefutable de todo comportamiento. Soy así… o… es que… es así… Quizás la personalidad, vista en profundidad no sea más que una máscara, que un traje superficial que puede cambiarse, y no con mucha dificultad. Creo que no hay nada de malo en trabajar con la personalidad (propia y ajena), incluso cambiarla. No causa ningún daño, a menos, eso sí, que creas que "eres" la personalidad.

La pregunta ¿quién soy yo? es una pregunta que aparece en todas las etapas de la vida. En mi corta vida (o no tan corta, siempre dependiendo del otro elemento de comparación...), así está siendo. También lo observo en quienes me rodean y me supera en edad, así como en los que no me han alcanzado. Un segundo riesgo a la hora de responder esta pregunta está en dejar que otros respondan por ti. El mundo externo también te dice quién eres: la familia, la escuela, la cultura, la sociedad, el mercado laboral, los amigos… Todos dicen quién eres. Si nunca has tomado cartas en el asunto, o incluso si las llegaste a tomar, en algún momento, te das cuenta que tu identidad, comoquiera que esté definida, no te satisface. En ese momento, puede surgir el hambre de conocimiento, las ganas de responder y, a menos que se responda verdaderamente, sin convencionalismos o parches, esa insatisfacción seguirá estando latente. 

¿Quién eres? ¿Cómo lo sabes? ¿Es eso cierto? ¿De verdad? Las respuestas aprendidas no valen. No vale soy persona, soy bueno, soy malo, soy alguien. Son respuestas aprendidas, son conceptos mentales.

Ya lo dice el Evangelio: (...) tomando Jesús la palabra, dijo: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños." (Mt 11, 25)

1 comentario:

  1. Con qué sencillez has expresado la limitación en nuestras percepciones de la realidad.
    Coincido totalmente en la humildad necesaria para entender el mundo, entendernos a nosotros mismos.

    ResponderEliminar