
No hace mucho me contaron que, cuando un elefante es pequeño, le colocan una cadena en el tobillo que le ata a una estaca y para impedirle moverse. En ese momento, el elefante, por su pequeño tamaño y todavía poca fuerza, no puede con la atadura. Comprende que nada puede hacer y se acostumbra a no luchar contra la cadena y la estaca que le mantienen sin posibilidad de ser libre, de manera que, cuando es mayor y sigue con la misma cadena atada y la misma estaca, ni siquiera intenta deshacerse de ellas aunque, en ese momento, no le costaría ni el menor de los esfuerzos desasirse por completo.
¿Acaso no nos pasa lo mismo a las personas? Quizás tengamos cadenas que hemos "aprendido" a lo largo de nuestra historia y que no nos planteamos, si quiera, mover. Quizás ni siquiera ya somos conscientes de las cadenas que nos atan porque nos hemos acostumbrado a ellas, nos parecen normales, es lo que siempre hemos hecho, no se puede hacer las cosas de otra manera...
Alguna de las entradas anteriores de este blog invitaba a desaprender. No es muy diferente esta invitación. Quizás podremos ser más felices si nos hacemos conscientes de nuestras históricas cadenas, si entendemos que podemos con ellas, si nos damos la oportunidad de soñar, de imaginarnos, de concebir un futuro distinto, mejor sin esa cadena que ata nuestro tobillo a la estaca.

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