No me ha pasado con muchos libros, pero éste ha sido de los que no te deja levantar del asiento hasta terminarlo.
El libro es una deliciosa y conmovedora narración de todo lo que pudo haber sucedido en torno al establo de la ciudad de Belén donde nació Jesús. Un pesebre que, poco a poco, se va llenando de visitantes de lo más variopinto: desde quien ayuda a María en los momentos del parto, hasta los pastores, algún que otro romano o los reyes astrólogos venidos desde Oriente siguiendo el resplandor de una estrella en el cielo...
Justo en medio de las celebraciones navideñas, a las que, quizás, hemos ido añadiendo y añadiendo turrones, cenas y regalos, no está de más recordar que lo que sucedió, y sigue sucediendo, es que Dios se hace niño, y niño pobre, nacido en un establo, entre un buey y un asno. Y que ese Dios, hecho niño pobre, nos invita a todos, seamos como seamos, a acercarnos a su pesebre y a dejarnos conmover con su presencia y su sonrisa.

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