sábado, 5 de noviembre de 2011

... donde no se te ocurriría mirar




En un libro que lleva unos días cautivándome leí la historia de un ladrón de diamantes que quería robar la mejores joyas. Un día vio que un comerciante de diamantes había comprado una joya maravillosa. Era el mejor de los diamantes. Comenzó a seguir al comprador del diamante hasta que se montó en un tren y consiguió un asiento en el mismo compartimento. Pasó varios días intentando robárselo sin éxito. Cuando llegaron al destino, se sintió completamente frustrado. Aunque era un experimentado ladrón, no había sido capaz de robarle aquel diamante que tanto quería.

El comerciante bajó del tren y el ladrón continuó intentándolo. De repente, se dio cuenta de que nunca conseguiría robar el preciado diamante, por lo que se acercó al mercader y le dijo quién era y lo que llevaba varios días intentando. Le pidió que, por favor, le dijera su secreto: dónde lo había escondido.

El comerciante le respondió que le había reconocido desde el primer momento, sabía que era un ladrón, así que escondió el diamante en el último lugar donde un ladrón lo buscaría: ¡¡en tu propio bolsillo!!

A continuación el ladrón metió la mano en su bolsillo y extrajo el diamante.

En el crecimiento de las personas, cuántas veces solemos sospechar de nuestro interior... quizás porque esperamos encontrarnos en él lo peor de nosotros mismos, aquello que no nos gusta... Al superar ese miedo descubrimos una verdad increíble. Aquello que más buscamos, aquello que anhelamos, lo que admiramos de los demás..., ya está dentro de nosotros. Es más... llevaba ahí tiempo, estaba desde siempre. 

Qué importante es, pues, saberse valioso y, de ese modo, aceptarnos y vivir en paz, en plenitud...

Por cierto, el libro se titulaba: GANGAJI, El diamante en tu bolsillo. Descubre tu verdadero resplandor, Gaia ediciones, 2006.


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