domingo, 27 de noviembre de 2011

Ambiente...







Ayer estuve, muy bien acompañado, en INTUR, una feria de Turismo Interior y, en el transcurso de la visita, terminamos en una cata de productos de Salamanca: vino, queso y aceite (buen plan!!). El sumiller que dinamizó la cata, hizo de ese momento una experiencia que, realmente, nos transportó a la dehesa salmantina, a sus sitios y a sus gentes.

Recuerdo que, describiendo los aromas del vino, queso o aceite, nos relataba matices uno tras de otro: frambuesa, tofe, café con leche, guindas, canela... La verdad, hice un acto de fe por creer todo aquello, pues mi nariz sólo olía a vino, a aceite o a queso. Nada más. 

Hoy creo que no hay tanta diferencia con lo que algunas veces intentamos hacer: describir cómo ha de ser un centro en clave pastoral. Creo que describir ese ambiente no dista mucho de la descripción de los aromas de un buen (o mal) vino. Se necesita intuición, entrenamiento, es cuestión de matices y no todos los percibimos de la misma manera pues, en gran medida, depende de nuestras experiencias previas.

En cualquier caso, menos mal que sigue habiendo gente que hace actos de fe, como el que tuve que hacer yo ayer, y se cree lo que un sumiller describe. Yo tuve una bonita experiencia que me hizo disfrutar más el sabor, de los olores, de las emociones. Ojalá que quien sigue creyendo en un centro cuyo centro es el evangelio, pueda tener también una experiencia más allá de lo visible, lo tangible y lo que se puede medir o controlar. Estoy convencido de que la diferencia es más que significativa.

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